Santos Carmelitas

Posted on septiembre 15, 2015

Santos Carmelitas

“Los Santos del Carmelo se formaron en una escuela de fuego espiritual, semejante a aquella de Elías. El amor poetiza las íntimas relaciones entre Maria y el Carmelo y hace de la Historia de la Orden un canto de alabanza a nuestro Dios. ”

Son una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del Divino Maestro e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen Maria en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre. Ermitaños del Carmelo, mendicantes de la edad media, doctores y predicadores, misioneros y mártires; monjas que dilataron el pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa; religiosas que descubrieron el rostro de Cristo a sus hermanos en el apostolado sanitario y docente, sobre todo en tierras de misión; seglares que en medio del mundo supieron encarnar el espíritu de la Orden. Toda la familia del Carmelo de la patria con Maria, su Madre, a la cabeza constituye nuestro gozo y alabanza al Padre Celestial.

Grandes santos a quienes la Iglesia venera e invoca en su liturgia, y santos humildes que bien pocos conocen o invocan fuera de la Orden, con su vida nos proponen el secreto de la santidad en el trato intimo con Dios que desde el coloquio con él se prolonga en la entrega de cada día como comunión de fe y de amor con la inmaculada Madre de Dios, Patrona del Carmelo, Formadora incomparable de los amigos de Cristo a los que cubre con el habito de la Orden para que interior y exteriormente reflejen sus virtudes.

Todos los santos Carmelitas se han moldeado bajo la figura de la Bienaventurada Virgen Maria, han vivido en intimidad con Ella, de Ella han sido apóstoles. De Ella han aprendido a vivir en Cristo y de su amor, en Ella se han inspirado para entregar su vida a la Iglesia y a las almas, es gran importancia la vida de la Virgen en los Santos Carmelitas.

¡El mundo está en llamas! ¿Te apremia extinguirlas? Contempla la Cruz. Desde el corazón abierto brota la sangre del Salvador. Ella apaga las llamas del infierno. Libera tu corazón por el fiel cumplimiento de tus votos y entonces se derramara en el caudal del amor divino hasta inundar todos los confines de la tierra. ¿Oyes los gemidos de los heridos en los campos de batalla en el este y oeste? Tú no eres medico, ni tampoco enfermera, ni puedes vendar sus heridas. Tú estás recogida en tu celda y no puedes acudir a ellos. Oyes el grito agónico de los moribundos y quisieras ser sacerdote y estar a su lado. Te conmueve la aflicción de las viudas y de los huérfanos y tú querrías ser ángel de la consolación y ayudarles mira hacia el Crucificado. Si estás unida a Él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus Santos votos, es tu sangre y su Sangre Preciosa la que se derrama. Unida a él eres como el omnipresente. Tú no puedes ayudar aquí o allí como el médico, la enfermera o el sacerdote; pero con la fuerza de la Cruz puedes estar en todos los frentes, en todos los lugares de aflicción. Tu amor misericordioso, Amor del Corazón divino, te lleva a todas partes donde se derrama su sangre preciosa, suavizante, santificante, salvadora.

Los ojos del Crucificado te contemplan interrogantes, examinadores. ¿Quieres cerrar nuevamente tu alianza con el Crucificado? ¿Qué le responderás? Señor, a dónde iremos solo tú tienes palabras de vida eterna.

Estamos llamadas a amarle, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, así cumpliremos nuestra misión y fin temporal en esta vida, el es nuestra felicidad eterna, por eso vale la pena vivir.

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo. Era tan grande el deseo de Dios de comunicarse con el hombre que envió a su hijo como mediador entre Él y nosotros.

Por el misterio de la Encarnación el Verbo Hijo de Dios se hace humildemente uno de nosotros y hay que saber descubrirlo con los ojos de la fe. Jesús por su naturaleza divina, es un ser infinito, y su conocimiento también es infinito. A Jesús, no se le conoce o se le está conociendo. Se le encuentra en la eterna «búsqueda». Nadie puede ver a Dios y quedar con vida; es diferente de nosotros y no estamos capacitados

Para soportar la potencia infinita y perfecta de Dios. Es preciso que Dios mismo nos purifique y nos sostenga. Y es por Jesús que somos purificados; y conociéndolo a ÉL conoceremos al Padre.

Cristo es el principio y el fin, la raíz viva y la clave de interpretación

de toda forma de vida cristiana y especialmente, de la vida consagrada. Sólo Él arrastra y convence,

cautiva y apasiona, asombra y estremece, solo Él inspira a la vez confianza sin límites e infinito respeto.

Para la Carmelita todo le habla de su Amado, el amanecer está radiante de Jesucristo, todo le habla de Él, la vida, la creación, el cielo, el aire, el mar, los pájaros etc.

Todo lo recibimos de Dios y lo hemos de recibir como venido de sus manos.

Hay que ser finos observadores para pasar a la imitación por eso nuestro Modelo ha de ser Cristo.

Hay que observarle con la mayor atención para llegar a ser un buen contemplativo

Después de observarlo hay que imitarlo con fidelidad, para ser lo que el Padre quiere que uno sea.

Una copia viva de Jesús

El hombre es por naturaleza imitador y Jesús nos invito a aprender de su vida. Cuando dijo: aprended de mi que soy manso y humilde de corazón. Por eso hay que empaparnos de Jesucristo, y el Padre tiene en Él sus complacencias. es el Cristo total quien nos cautiva y enamora.

Tú no eres medico

Que el ejemplo de estos santos, sirva para suscitar nuevas generaciones de santidad, muchos santos que, viviendo en obsequio de Jesucristo fielmente servido con corazón puro y buena conciencia, sepan con Maria entregarse día y noche a la contemplación de la Palabra y al servicio generoso a la humanidad, que ese ejemplo nos contagie un amor inmenso y operante por Cristo, por la Iglesia y por el mundo entero.

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